Expectativas y realidades, recuento de las vivencias de un año que acaba

La historia de nuestras vidas se construye a través de los relatos que nos hacemos de ella, de la interpretación que hacemos de los eventos, así como de la expectativas que  tenemos hacia nuestro futuro,  esto se refleja en nuestro estado emocional  y en nuestras conductas.

En el transcurso de nuestras vidas vamos interiorizando aprendizajes, los cuales parten de aspectos culturales y familiares, estos van formando en nosotros modelos de pensamiento  que trascienden las generaciones, que alimentan la identidad familiar y nos diferencian. Son base de una convivencia familiar y de la construcción de una realidad.

El cierre de un ciclo y el inicio de otro nos llevan a la reflexión y al análisis, a poner en la balanza los logros y las dificultades encontradas. Es ahí donde nuestra percepción y los juicios de valor que emitimos impactarán en nuestra vida, y a partir de este proceso se dará un nuevo inicio.

En general tendemos a planear sin un fundamento objetivo, tomando decisiones de manera emocional, envueltos en un ambiente que genera expectativas altas, de cambios trascendentales, alimentados por los medios y glorificados por la literatura de auto ayuda, que hacen su agosto en pleno mes de diciembre. Cambiar nuestro aspectos físico e ir tras ese cuerpo que no hemos tenido y que hemos buscado por años, viajar por el mundo y conocer lugares exóticos, cuando aún no conocemos bien el lugar en que nos encontramos parados, cambiar de trabajo, tener esa relación interpersonal que tanto hemos esperado, en fin, hacer algo muy diferente a lo que hemos hecho cada día.

Y no es ir en contra de los sueños, de las metas, de los cambios, sino construir una existencia a partir de lo que somos, de nuestro capacidad, de nuestras fortalezas, de aquello que es alcanzable, de los que nos llena, de lo posible, de darnos cuentas que los ciclos inician cada día, que las oportunidades se presentan en cada una de las decisiones que tomamos, y que la vida, en su sabiduría nos entrega mucho más de lo que alcanzamos a ver, y que aquello que quizás un día pensamos que no alcanzamos nos llevó a tener aquello que necesitábamos.

Autor: Lic. en Psic. Alan David Hernández

Entradas Similares

Diciembre 15, 2016

El Sentido del Yo

Ingresar un Comentario